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miércoles, 29 de julio de 2026

Martes y jueves

 


Sin apenas darme cuenta, el mes de julio llega a su fin. No sé si alegrarme, ya va quedando menos para que el intenso y sofocante calor se disipe, se disuelva, se esfume... al menos que aminore un poco su fuerza. Aunque el sol agosto viene pisando fuerte.


 Desde hace tres veranos, los martes y los jueves asisto a clase de yoga. Es mi instante preferido  de estas tardes calurosas. El lugar: el cesped de la piscina municipal.

Además de practicar las diferentes asanas, saludos al sol, e intentar mantener el equilibrio y flexibilidad en el cuerpo, estoy aprendiendo algo que me cuesta mucho: controlar la respiración.


Pranayama es la práctica yóguica del control de la respiración. Curiosamente, repirar es vital pero no soy consciente de ello. El yoga me está ayudando a tener en cuenta que la respiración es el alimento esencial que nutre el cuerpo y la mente.


Sin duda, mi momento preferido es el rato de la relajación o meditación, aunque he de confesar que hay días en los que me resulta un  esfuerzo ímprobo porque 
justo coincidimos con otras actividades como el spinning, que requieren música con mucho ritmo y fuerza. Tengo que mantener mi concentración elevada si no quiero que mis pies se pongan a bailar.   


 Supongo que de esto trata el yoga, de mantener la calma en los momentos complejos y difíciles, de no dejar que el ruido exterior  perturbe nuestro interior, y conectar mente, cuerpo y espíritu. 


Por un instante he visto
la terraza, sin mí.
Mi pequeño sillón, vacío.
Sobre la mesa, una taza de té
y un libro abierto.
Los gatos dormitando;
las tórtolas, ociosas.
Abriéndose la flor,
sola, en el aire perfumado.
Las ramas de la acacia
levemente mecidas
por la brisa de otoño.
Las nubes deslizándose
con calma por el cielo.
Y he sentido la súbita nostalgia
de vivir el instante que ahora vivo.

Susana Benet



NAMASTÉ

martes, 16 de junio de 2026

El puente donde habitan las mariposas

 


Junio mediado, y a punto de comenzar el período estival, aunque tengo la sensación de estar en modo verano desde hace tiempo, si no fuera por la época de exámenes y todo lo que conlleva: unos libros en mano y otro corrigiendo hasta altas horas de la madrugada. Los finales de curso son siempre muy intensos.
 

Y, sí, comienza para mí el tiempo que más me cuesta sobrellevar, el verano.  Los inmensos y largos días que no tienen fin, el intenso y sofocante calor que me deja por los suelos, la infinidad de actividades que hay que hacer, ir de un sitio para otro...


Tengo ante mí una ardua labor: pensar cómo construir un puente donde habiten "mis mariposas" este verano y tratar de disfrutarlo todo lo que me sea posible.


Lo primero que haré será respirar hondo, e intentaré esculpir mis pensamientos. No esta nada mal pensar en un lugar tan idílico como estas imágenes, rodeada de naturaleza, cerquita del lago, y con algo más de fresco en el ambiente.


Así sí, así serán unos estupendos y maravillosos días veraniegos, calma, quietud, tranquilidad mientras me ocupo de releer un libro que os recomiendo:


 
"Conocía mis fortalezas, pero nunca había visto como ahora mis debilidades, y mucho menos las había abrazado...
...Dice don Santiago (Ramón y Cajal): "Si hay algo en nosotros verdaderamente divino es la voluntad. Por ella afirmamos la personalidad, templamos el carácter, desafiamos la adversidad, corregimos el cerebro y nos superamos diariamente",
 Cuidarse pertenece al ser humano, si se lo propone".


Nazareth Castellanos  


Espero que a mis "mariposas del alma" les encanté el plan que he trazado para este verano. Dejaré en pausa otros menesteres y me dedicaré a leer y a tejer, imaginándome que ocupo uno de estas sillas en este idílico y placentero lugar...


"Santiago Ramón y Cajal describió una vez las neuronas como “las misteriosas mariposas del alma, cuyo batir de alas quién sabe si esclarecerá algún día el secreto de la vida mental”. Más de un siglo después, esa intuición poética resuena con una fuerza asombrosa en los laboratorios más avanzados del mundo. Hoy, la neurociencia no solo observa el aleteo de esas mariposas, sino que está empezando a traducir su lenguaje".

jueves, 21 de mayo de 2026

Té o café y miel



Casi sin darme cuenta mayo se desliza por el calendario a una velocidad de vértigo. Hace tiempo que no me paso por aquí, tampoco tengo muchas cosas que contar o sí, y no sé cómo hacerlo.


Hoy me recuerdan que es el día mundial del té; por cierto, una bebida que adoro y que me encanta preparar. Reconforta en invierno y es muy refrescante en verano.


Ayer, día 20 fue el Día Mundial de las Abejas. Personalmente considero que es muy necesario fomentar este día con el único propósito de concienciar a todo el mundo del papel que juegan las abejas en la perseveración ecológica de nuestro planeta.


 Hay varios factores que hacen peligrar su supervivencia, creo que todos sabemos, pero os dejo este enlace por si os apetece leer algo más. 


No hay nada más aromático y delicioso que una taza de té endulzada con este alimento natural producido por las abejas.


Para los amantes del café, habrá que esperar hasta el uno de octubre para festejarlo.


PODRÍA SER en cualquier lugar

 y el milagro quedaría oculto. 

Pero sucede todo justo aquí. 

 

Vuela una abeja cerca de unas flores 

y despacio recoge el néctar. 

Sopla el viento con suavidad

 y a todos los que estamos bajo él 

ofrece luz el sol

 y vida.

Sale agua de la fuente. 

A unos metros de nosotros 

duerme una niña en brazos de su padre.

 

Y todo sucede aquí,

justo aquí.

V´ctor Herrero de Miguel (Lo que busca la Abeja)

miércoles, 15 de abril de 2026

Las Puertas

 




¿Acaso no es prisión
una puerta
que sólo pueda abrirse
desde fuera?

¿Y no es más cierto
que también es prisión
poder abrirla sólo
desde dentro?

Y más,
poder salir y entrar,
dejarla abierta,
salir y entrar,
dejarla abierta

Dulce Chacón


Me doy cuenta de que las fotografías más recurrentes en mi blog son imágenes de ventanas, puertas y caminos. Me considero una mujer ventanera, parafraseando a una de mis escritoras favoritas, un universo entero por observar y contemplar a través de una ventana.


 Considero que la vida es un largo camino por descubrir, recorrer y transitar, cada cual, el suyo.  


El poema de Dulce Chacón me hizo pensar sobre mi gusto por las puertas; prefiero las puertas abiertas a las puertas cerradas a cal y canto. Quizás, lo  más sensato es dejarlas entrabiertas...


Supongo que hay que ser cuidadoso con  todo lo que entra por la puerta; en otras ocasiones, es preciso atreverse a cruzar el umbral para descubrir otras estancias... 


Quizás sea todo cuestión de un interno equilibrio entre saber cuidar lo sagrado y tener el suficiente coraje para explorar lo novedoso. Crucial el discernimiento...

Pero hoy:



Hoy vuelo bajo y
no digo ni una palabra,
dejo que todos los vudúes de la ambición duerman.

El mundo sigue su curso, como debe ser:
las abejas zumban levemente en el jardín,
los peces saltan, los mosquitos son devorados.
Y así sucesivamente.

Pero me tomo el día libre.
Silencio absoluto.
Apenas me muevo, aunque en realidad estoy recorriendo
una distancia enorme.

Quietud. Una de las puertas
del templo.

Mary Oliver


¡Feliz primavera!

lunes, 2 de febrero de 2026

El árbol

 

Comienza el  mes de febrero, y ya media el invierno, un invierno particularmente frío, lluvioso y ventoso... como los de antaño, aunque mis mayores dicen que ni aún así se le parece.


Durante este invierno he podido disfrutar varios días de la nieve... me gusta el silenciamiento que evoca observar como caen discreta y sigilosamente los copos de nieve, casi siempre desde la ventana, pero la última vez, salí a la calle y me empapé de su presencia.


Aunque vivo en la ciudad, suelo fijarme en los árboles que me encuentro en mi paseo diario.  La mayoría tienen sus ramas desnudas, delgadas y retorcidas, pero, en ciertas ramas aún se sostienen algunas hojas ya marchitas, solitarias... han vencido, de momento, las incansables lluvias, las incipientes nevadas e incluso, los fuertes vientos.


Ahí están, resistiendo... ¿será resiliencia? ¿Aún no es la hora de soltarse?
Todavía queda invierno.


Ahí está, solitaria
 y agarrada a su rama ¿qué pensará el árbol si ya no puede alimentarla? quizás en su letargo, el árbol ni se da cuenta de que aún está...
aún queda un poco de invierno...
¡Feliz mes de Febrero!



"El árbol"

Miro el árbol bañado por el sol. Miro sus ramas, sus hojas, cómo sus raíces salen de la tierra. Amanece y nada parece acabar nunca. Todo desde su principio: el viento, el pájaro pequeño que me mira desde el árbol, la hierba que crece alrededor. Acerco mi mano hacia la luz del sol entre las ramas. Es como si pudiera acariciarlo. Me quedo detenida bajo el árbol. Todo cabe en esa luz atravesando las hojas. Todo cabe. Todo cabe en mis dedos. Mi nombre, de repente. Mi corazón, de repente. Hermoso árbol que no conoce la noche, cuida de mí.

Marta López Vilar (El Gran Bosque)

  

lunes, 12 de enero de 2026

Horas de invierno

 


Se apagaron las luces, aunque aún parecen brillar en la retina reteniendo los momentos vacacionales vividos y atesorados. Doce días ya desde que iniciamos el nuevo calendario y enero marcha con pasos firmes.


  El invierno se hace hueco por todos lo recovecos, e invita a sostener una taza de chocolate caliente, mientras el sol del invierno gana minutos al anochecer; observo este instante a través de la ventana mientras mi nueva lectura me llama la atención.


   Elegí hace tiempo este libro por el título: "Horas de invierno" de Mary Oliver, pensé que me encontraría un bello discurso sobre los días del crudo invierno, una invitación a ir más despacio, a hacer una pausa saboreando  la calidez del hogar, a disfrutar de tardes de sofá y manta...


Pero sólo trata el invierno en el último capítulo, y además es el ensayo más breve. Sin embargo, me he encontrado con una lectura fascinante que me ha cautivado desde el inicio. "Horas de invierno" es una recopilación de ensayos y reflexiones en el sentido más autobiográfico de la autora, según indica en el prefacio del libro, ella escribe fielmente sobre las propias experiencias de su vida.


 Mary Oliver nos acerca, además de sus recuerdos y memorias, a la naturaleza sin la cual, según afirma, no podría ser poeta. También analiza y nos cuenta sobre autores (Poe, Frost, Whitman...) que le han marcado. Leer estos ensayos es como tamar el té con una amiga hablando de lo divino y lo humano...


 "No podría ser poeta sin la naturaleza. Otros, sí. Yo, no. Para mí, la puerta al bosque es la puerta al templo. Bajo los árboles, por las pálidas laderas de arena, camino en un vínculo al éxtasis, que celebro con palabras. Veo y amo con locuralo manifiesto."
Mary Oliver (Horas de invierno)





miércoles, 31 de diciembre de 2025

Último día...

 


Todo está en silencio a estas horas de la noche, me gusta venir a este solitario rincón mientras saboreo una infusión caliente y pienso qué puedo desgranar en este espacio en blanco.


  Acabo de terminar los postres que mañana tomaremos en la cena, preparaciones sencillas que sé que me salen bien y que siempre son un acierto. No es tiempo de arriergar.
Sigo de vacaciones en el pueblo, intentando tomarme con calma los días y disfrutando del momento sin apreturas ni prisas por llegar a todo.


Ahora mismo, me doy cuenta que en un rato despediremos el último día del año.
Dicen que es bueno cerrar ciclos agradeciendo todo lo vivido, tanto las experiencias  buenas como las menos buenas; cierto es, que la vida es como una caja de galletas, que escribió Murakami, unos galletas nos gustan más que otras.


   

No suelo hacer propósitos para el Año Nuevo porque sé que no los voy a cumplir. Tampoco tengo grandes deseos, me conformo con seguir sosteniendo mi taza de té matutina entre mis manos, sentir este silencio antes de dormir cuando todo a mi alrededor está en calma, valorar  cada momento de quietud cuando mi corazón se siente seguro...


Y tener la fortaleza y el coraje suficiente para afrontar los momentos en los que mi corazón se desboque. Cierro la puerta de este año con una tranquila sonrisa.


  Puede ser que te digas: "El verano que viene


quiero volver a Italia", o: "El año que hoy empieza
tengo que aprovecharlo; con un poco de suerte
acabaré mi libro", y también: "Cuando crezca
mi hijo, ¿qué haré yo sin el don de su infancia?".
Pero el verano próximo, en verdad, ya ha pasado;
terminaste hace muchos años el libro aquel
en el que ahora trabajas; tu hijo se hizo un hombre
y siguió su camino, lejos de ti. Los días
que vendrán ya vinieron. Y luego cae la noche.
A la vez respiramos la luz y la ceniza.
Principio y fin habitan en el mismo relámpago.

Eloy Sánchez Rosillo 



¡Feliz y Venturoso Año Nuevo!