sábado, 1 de junio de 2024

Reflexiones poco importantes sobre el tiempo

 




Este mes de mayo, Ginebra nos propone tratar un tema trascendental que puede ser estudiado desde diversos puntos de vista: el tiempo.

Además, para facilitar la inspiración, nos presenta unas imágenes de Tom Bagshaw.


  

“El tiempo es como el viento, no se puede ver ni tocar, pero se puede sentir.”
Las horas, Michael Cunningham
 
Verdaderamente, ¿qué es el tiempo?, me pregunto, ¿qué son unas cuántas horas durante un día en la vida de una persona?
 
Alguien muy cercano a mí, me comentó hace unos días que el tiempo es para un físico lo mismo que el amor, la muerte, o la vida es para un poeta.
 
La profundidad del tiempo escarba en los sentimientos que se piensan en un momento, quedando distantes en el fugaz y raudo pasado y escalan a lo más alto de un instante hacia el futuro o a lo que, quizás, conocemos como eternidad.
 
Pienso que la dimensión del tiempo tiene forma de pirámide, y aunque intente descubrir o entender algo más sobre la fugacidad de la vida, no llegaré a ninguna conclusión. Porque es asombroso el sentido subjetivo del transcurso del tiempo, y todo sucede entre tantos tiempos como seres humanos habitan el mundo y todo ello “Hasta el final de los tiempos”.
 
Como un pensamiento métricamente repetido, siempre es “tiempo de esperanza”, “tiempo de sanar”, “tiempo de amar”, “tiempo de silencio”, me cuestiono si algún día gozaremos de “un tiempo de paz y de memoria”.
 
Mientras tanto, mi imaginación vuela y sueña con un viaje en “la máquina del tiempo”, pasado, presente y futuro… pero ¿para qué perderme en otras épocas? Aprovechar y valorar cada experiencia vivida, cada oportunidad única, que no tenga nunca que ir “en busca del tiempo perdido”. Haber vivido es lo que importa, y haber amado, como “el amor en los tiempos del cólera”.
 
Disfrutar de “el tiempo de las cerezas”, tratando de olvidar los “malos tiempos”, y recordar siempre que “el tiempo que nos une” permanecerá bordado en lo más profundo de los corazones. De momento, yo sigo con mi “tiempo entre costuras”.
 
 
• Entrecomillados, los títulos de algunas obras literarias.
 

(Texto perteneciente a la propuesta de Variétés: “Tómate tu tiempo”)


Gracias, querida Ginebra, por el tema propuesto y por tu inefable labor.



viernes, 17 de mayo de 2024

Qué son cien años...


 Qué son apenas cien años. Una centuria, un siglo, toda una eternidad o quizás, sólo sea un rato en la inmensa subjetividad de la percepción del tiempo.

Hace casi un mes, Telefónica celebró su centenario, cien años de historia... y en estos días de mayo, mi memoria rescata los recuerdos entrañables de mis comienzos laborales en esta empresa.


Durante treinta y cuatro años he formado parte de la plantilla de Telefónica y justo hace ahora treinta y seis años  deje mi pueblo para aventurarme en una nueva etapa de mi vida. Un suspiro entre dos siglos.


En aquella época comenzaban a disolverse los estereotipos de género en la empresa, por lo común, los hombres formaban parte del sector técnico y las mujeres se formaban como telefonistas.   Mi primera incursión laboral durante dos años fue como mecánico de centrales telefónicas. En el curso previo, fui la única chica entre una veintena de compañeros. Y también lo fui cuando  me destinaron a una de las centrales más antiguas de telefonía: una rotary 7A.


  Siempre me he definido como analógica ante todo el frenesí tecnológico que he vivido, experimentado, estudiado, pero claro, lo que son los cimientos nunca se olvidan. Tengo muy buenos recuerdos y un sinfín de anécdotas que atesoré entre relés selectores, máquinas conmutadoras, ejes verticales y horizontales... 


Recuerdo cuando se estropeo la fila de bastidores que daba servicio a un hospital, tuvimos que hacer girar o rotar (de ahí el nombre) manualmente las máquinas para que el hospital no quedara incomunicado... ¡Qué tiempos! 

Al cabo de un par de años, desmantelaron la central para instalar una AXE, tecnología de vanguardia por entonces, nunca imaginé la transformación tecnológica constante que estaba por venir. Y que ya experimenté desde el área comercial... pero esto, ya,  es casi otra vida.




COMIENZOS

Era el siglo pasado, en primavera,
cuando el viaje fue un hecho y plantaron el árbol.
Jubilosos y errantes, esperaban
el enraizar el tronco, su osadía
en la mística fiesta de los brotes.

Al fin las tiernas hojas encendieron 
y poblaron con prisa y hermosura
el elocuente cuerpo de la vida.

Fue tan alto el ropaje y su abundancia,
que, doblegado, el tronco ya no pudo.
Le hicieron doloridas incisiones,
humillaron la flor de su corteza
y a la tierra escarbaban entre afanes.

Tras unos días largos en lo oscuro,
la savia con denuedo se encrestaba,
y enderezose el árbol, orgulloso,
mostrando su pasado entre las hojas:
la verdad de unos rostros y sus nombres.

Dionisia García


Fotografías: Archivo histórico de Fundación Telefónica

martes, 23 de abril de 2024

A la memoria de un libro




 He aprovechado un rato esta mañana para visitar la librería del barrio, había poca gente a primera hora. La verdad es que el tiempo ha volado, o he sido yo la que ha sobrevolado alrededor de las mesas  llenas de novedades literarias


y revoloteado entre los libros delicadamente colocados en las estanterías que cubren las paredes de la coqueta librería.


Necesitaría varias vidas para leer tantos y tantos libros que me han llamado la atención...


y otras tantas para terminar de leer los libros que tengo en casa. No puedo remediarlo y he salido de la librería con tres libros para regalar y otro que me he regalado yo.


¡Me he pasado la tarde leyendo poesía de Sara Búho!

Escribo este libro
por todas las veces
que creí haber aprendido algo,
por los tropiezos
que borran la verdad
una y otra vez;
y por la verdad renovada
que se instala firme
dispuesta a romperse de nuevo
en el corazón.

Sara Búho (Perdón a la lluvia)


¡Felices Lecturas!



sábado, 13 de abril de 2024

Una página


 Abril enciende una cierta nostalgia en mí. De pronto, un gran estallido de luz me deslumbra, todo se vuelve, de repente, más brillante y colorido.


  No sé qué me ocurre, pero es como si necesitara expandirme o estirarme del largo letargo del invierno, y la primavera invita a ello. 


Viene bien dar un impulso de aire nuevo, ordenar la mente y por ende, el armario,  para impulsar la nueva estación y conectar con la naturaleza, que al fin y al cabo, es la mejor de las maestras.


Es hora de empezar a escribir una nueva página... eso sí, le pido al verano que no se adelante y que deje a la señorita primavera gozar de su espacio.


 

Si logras vivir con amor un día
verás que desde que la luz te encuentra
hasta que el mundo se convierte en sombras
son tantos los milagros y tan simples
y es tanta la bondad con la que todo
te ampra.

             Verás, si el amor te mueve,
que en las criaturas que se encuentran quietas
se percibe con claridad que el fondo
de la vida es el bien:

                             en  la orquídea
que transforma en delicadeza el agua,
en el pez que dormita en la pecera.

Si es que el amor dilata tus pupilas
y sujeta los párpados y limpia
las legañas que la tristeza crea,
podrás ver un impulso
de claridad que empuja las cosas
y las conduce por veredas limpias
hacia donde tu corazón las halla.


Mira bien
              y verás que los poemas
que otras manos pusieron en las tuyas
estuvieron -¡así es!- peregrinando,
atravesaron fuertes y fronteras
para llegar alegres a ti,
y tus labios encontraron su término.


Si te deslizas con amor un día
por la rampa luminosa del tiempo
(un día, un solo día, un día sola-
mente empleado en descubrir amor),
verás  al fin cuando en el cielo rosa
vislumbres la presencia de la luna
que eres también tú parte de un mensaje,
una cifra de un código que todo
lo vela y lo revela
                         y nos lo ofrece.

Verás cómo otros ven en ti una página
del códice de amor del  universo.

Víctor Herrera de Miguel (Lo que busca la abeja)


¡Feliz fin de semana!
 

jueves, 21 de marzo de 2024

Tarde de marzo

 

Es agradable dar un paseo por cualquier lugar de la ciudad, las ramas de algunos árboles se van arropando con unas incipientes hojas verdes, otros se colorean de flores rosadas o blancas...


La intensidad de la luz y el estallido de colores anuncian que ha llegado la primavera; una maravilla hacer un alto en el paseo  y contemplar el espectáculo que se  expande por todos los rincones del parque. Inspiro profundamente y aprovecho los rayos de sol de este florecido atardecer.


Después de la caminata, y con regocijo primaveral celebro este día leyendo el poemario de una de mis poetas preferidas, el libro se abre casualmente por la página donde está impreso el poema titulado "Tarde de marzo".


 
  Un paseo por la playa desierta en una tarde de marzo debe ser impresionante. Cierro los ojos y  camino por los versos  hacia este idílico lugar...

Aspiro a ti, poema, porque a mi vista el mar y las gaviotas,

y el rayo solar de las seis y media.

Cuando lo tengo todo, me vienes desde atrás,

como recuerdo de horizontes de tierra.

Pero es aquí donde advierto hermosura,

en el cielo, en las aguas, completamente solas,

con tenue ondulación, y apenas huellas en la playa.

 

Qué misterio me vienes a enseñar, qué soledad presente,

junto al alud de otras historias viejas,

deseosas de aparecer en otra vida mía.

 

Declina ya la luz, el faro avisa;

se confunden las aguas con el cielo. 

Dionisia García  (Atardece despacio)


¡Feliz día de la poesía, feliz primavera!