Hay un medio de transporte al que le estoy eternamente agradecida porque es el medio que me transporta, además de llevarme a los lugares que necesito y preciso, me transporta a otros destinos, a otros universos. Viajar en tren siempre me ha parecido muy literario.
Hace tiempo era el medio que más utilizaba, en trayectos cortos o largos. Siempre el tren, no el coche, ni el bus, ni el avión. Me sentía segura y confiada, me permitía ir leyendo cómodamente, o simplemente mirar a través de la ventanilla, o quizás, viajar conmigo misma...
Un ritual diario que cuando, lejos de las prisas por llegar a tiempo, a veces, no deseaba que el viaje terminase... Desde hace dos días, miro con cautela y con una extraña sensación los dos billetes que tengo reservados desde hace meses para viajar en tren a un lugar que me hace mucha ilusión visitar dentro de una semana.
Siento mucho pesar por todo lo que está ocurriendo de un tiempo a esta parte con mi admirada forma de viajar, siento mucha tristeza por tantas y tantas familias en las que el tren, o lo que sea, ha desbaratado sus vidas.
Quiero, quiero pensar que a partir de ahora se dedicará más tiempo, más recursos, mas personal, más tecnología a conservar, a mantener, a salvaguardar, a perpetuar con seguridad, fiabilidad, este medio de transporte: EL TREN.
Próximo destino: la vida
*El viento limpio trae el silbato del tren…*
El viento limpio trae el silbato del tren,
en la noche de invierno, de enorme luna blanca.
Se oye, de pronto, largo, un puente de ruido,
y hasta nos llegan momentáneas palabras.
─¡Qué cerca está lo lejos! ¡Y qué lejos estoy
de esos que van, en un oro mustio, a sus casas,
dejados los periódicos, las risas en los ojos
que aún miran lejos dentro, ya en la eterna llegada!
…Pasará un gran frescor de chopos en la noche;
las rosas conocidas surjirán alumbradas
un instante, las rosas que, en la aurora de hoy mismo,
dieron su adios con sol a los que se alejaban…─
El viento limpio pasa delante de la luna.
De la una en mi torre celeste y plateada.
Silencio. Soledad. El que haya llegado,
estará entre los brazos de la que lo esperaba.
Juan Ramón Jiménez