"Se va haciendo tarde. Ahora la gata, que parecía dormida, me ha mirado en silencio y se ha bajado de un salto de la mesa. Cruza la habitación rozando con su lomo las cortinas y los libros de las estanterías, y sale por la puerta con el mismo sigilo con el que entró hace un rato para ofrecerme compañía.
Lola es el nombre que elegimos un día para ella: elemental y simple como su manera de acercarse a nosotros, femenino como sus contoneos acechantes. Ahora buscará otra caricia en alguien de la casa quizá menos callado, pero dispuesto a complacerla; o el plato en la cocina con su poco de pienso; o una salida al aire del jardín que, para ella, criada entre macetas, en el mismo lugar en el que un día una gata común la abandonó, debe de ser el mundo."
Basilio Sánchez (El sentido de la creación)





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