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sábado, 22 de abril de 2023

"Abril... lluvias mil"

 

Abril es conocido como uno de los meses más lluviosos del año, la sabiduría popular así lo transmite.


Estamos teniendo un exceso de "buen tiempo"; suelo dejarme llevar por la costumbre de calificar "mal tiempo" cuando el frío, el viento, la lluvia, los días grises en invierno o en cualquier estación del año acaecen.


 Y considero "un tiempo espléndido" cuando el día es soleado, templado, cuando el cielo azul es casi transparente, hace calor y disfruto de los  eventos  sin tener que pensar en las condiciones meteorológicas adversas.


Si medito en la falta de lluvia y en todas las consecuencias que ello trae consigo, afirmaré rotundamente que este mes de abril, y desde hace bastantes meses, estamos tiendo un "mal tiempo", un tiempo muy adverso...

 Y hoy, día internacional de la Madre Tierra, la lluvia ha asomado tímida y pausadamente, casi desapercibida, como no queriendo molestar.


 Y yo la sigo invitando a que aparezca con todo  su esplendor primaveral para que alivie la sed de la Madre Tierra... ¡Qué llueva, qué llueva...!




Casa en el árbol

En la copa de un árbol construiré nuestra casa,
con tablones y clavos e ilusión y un martillo
alzaré entre las ramas suelos, techos, paredes,
cuartos en espiral, secretos pasadizos
donde obra el azar el don de los encuentros
y de pronto amanece si me miras al fondo
por donde el viento corre a refugiarse,
madera en la madera, crujen las estaciones,
pasan a visitarnos los amigos,
huele a café, huele al árbol en que nos acogemos,
al rumor de las hojas, a la tierra
donde brota su impulso, su sed de los espacios,
se siente allí el verdor de las promesas,
casa y árbol fundidos, una sola criatura,
se es feliz de algún modo impreciso y vital,
con los años al árbol le van creciendo ramas,
gana cuerpo, se inclina hacia las nubes
y de pronto la casa ha ascendido unos metros
y hasta el aire es más puro, más ancho el horizonte,
las estrellas fugaces proliferan, ahora
vigila la espesura, hay luz en la ventana,
a cubierto de todo, suspendida,
luz de hogar en la noche, resplandor,
y una escala de cuerda entre las ramas,
si subes por la escala no hay retorno,
en la cima del viento hallarás nuestra casa.

Eduardo García (La lluvia en el desierto)







miércoles, 9 de mayo de 2018

CECI N‘EST PAS UNE PIPE




La palabra agua no moja:
puedo escribirla siete veces siete,
en paredes, en labios, en estatuas,
una por cada nube que se aleja,
una por cada gota que no llueve.

La palabra fuego no quema:
ni calienta mi mano si la escribo
ni es capaz de alumbrar la oscuridad.
Allí donde se posa permanece
aguardando unos ojos que la inflamen.


Pero si irrumpen alas y de pronto
me decido a emprender una esperanza
y empuño dos palabras y las hago
chocar como dos piedras en el aire
saltan chispas en un hogar remoto,
prende en el agua un fuego que acaricia.

La palabra fuego no quema
pero aviva rescoldos en la sangre.
La palabra agua no moja
pero riega la entraña de quizá.

Eduardo García


jueves, 15 de marzo de 2018

LA LLUVIA


   


También la lluvia cede al desaliento,
se demora en sí misma, se derrumba
en bautismo, moja tus labios, huele
a patio de colegio o la ternura
de sábanas recién planchadas
que palpitan.

Feliz el que regresa a su casa despacio,
distraído, a lo suyo, ni triste ni contento,
cuando una lluvia amiga le despierta de pronto
voces perdidas, gestos que el olvido
avariento atesora.


                           Y le moja los labios,
le limpia de tinieblas la mirada,
una ola muy honda le sube por las venas,
le deposita en brazos de una nube
y queda en paz con todos
y dice sí a la vida.

Eduardo García (La lluvia en el desierto. Poesía completa)
Ya sé que estamos cansados de la lluvia, del agua; pero los embalses que conozco aún están por debajo de la mitad de su capacidad a pesar de todo lo que ha nevado y ha llovido. Os dejo unas imágenes del embalse La Aceña, en Peguerinos (Ávila)

Espero que pueda llenarse como en la última foto.
 


domingo, 5 de noviembre de 2017

CÁLCULO DE PROBABILIDADES







Puede que los imanes repudien el metal.
Puede encenderse un fósforo en el agua.
puede caer la lluvia
en sentido contrario al de contumbre.
Bien puede el corazón
-ese fósforo ahogado, ese imán loco y ciego,
ese llanto en la penumbra, inaccesible-
viajar de polizonte en el poema.

Eduardo García

(La lluvia en el desierto.
Poesía completa 1995-2016)



lunes, 3 de abril de 2017

Sí todo ha de acabar...





 




Si todo ha de acabar que importa nada,
si el río ha de arrastrar cuanto queremos,
días, amigos, cuerpos, libros, senos
cavando a nuestro paso una hondonada.
Si todo ha de anegar la mar helada
y al cabo nos aguardan crisantemos
más vale no olvidar lo que seremos
y enterrar en  olvido la alborada,
mas, si el destino está en quedar en nada,
rema a contracorriente, a tumba abierta
apurando los cauces, siempre alerta
al destello que inflama la mirada.
Si todo ha de acabar, muerde muy fuerte
cada hora que le robas a la muerte.

Eduardo Garcia

Bailando con la muerte. La lluvía en el desierto