Estoy pasando estos días de vacaciones en el pueblo, no sé por qué, me he acercado a hacer una visita a la casa de mis abuelos, ahora de mi madre y que está deshabitada desde hace ya muchos años.
He subido la persiana de la ventana de sala de estar que da a la calle, y de repente, a través de los deslucidos y ajados visillos de encaje, unos rayos de sol han iluminado la habitación haciendo un suave juego de luces y sombras en las paredes.
Al lado de la ventana, sigue estando la mesa camilla que tantas veces ha sostenido mis libros y mis largos ratos de estudio, así como las confidencias que solía escribir a mis amigas cuando la única forma de comunicarnos eran las cartas.
Me doy cuenta que soy "una mujer ventanera" como la mayoría de las protagonistas de las novelas de mi queridísima Carmen Martín Gaite, de aquellos tiempos datan mis lecturas: "Entre visillos", "El balneario", "Retahilas", "El cuento de nunca acabar"... Además, durante este año se celebra el centenario de su nacimiento.
Me siento en silencio y me empapo de estos momentos, de aquellos recuerdos en que mi alma restaura la calma y la nostalgia. Afuera el mundo se siente muy loco ahora mismo, prefiero mirar "Desde la ventana".
"...Basta con eso para que se produzca a veces el prodigio: la mujer que leía una carta o que estaba guisando o hablando con una amiga mira de soslayo hacia los cristales, levanta una persiana o un visillo, y de sus ojos entumecidos empiezan a salir enloquecidos, rumbo al horizonte, pájaros en bandada que ningún ornitólogo podrá clasificar, cazar ningún arquero ni acariciar ningún enamorado y que levantan vuelo hacia el reino inconcreto del que sólo se sabe que está lejos, que no lo ha visto nadie y que acoge a todos los pájaros ateridos y audaces, brindándoles terreno para que hagan su nido en él unos instantes..."
Carmen Martín Gaite (De su ventana a la mía, 1989)






