Sin apenas darme cuenta, el mes de julio llega a su fin. No sé si alegrarme, ya va quedando menos para que el intenso y sofocante calor se disipe, se disuelva, se esfume... al menos que aminore un poco su fuerza. Aunque el sol agosto viene pisando fuerte.
Desde hace tres veranos, los martes y los jueves asisto a clase de yoga. Es mi instante preferido de estas tardes calurosas. El lugar: el cesped de la piscina municipal.
Además de practicar las diferentes asanas, saludos al sol, e intentar mantener el equilibrio y flexibilidad en el cuerpo, estoy aprendiendo algo que me cuesta mucho: controlar la respiración.
Pranayama es la práctica yóguica del control de la respiración. Curiosamente, repirar es vital pero no soy consciente de ello. El yoga me está ayudando a tener en cuenta que la respiración es el alimento esencial que nutre el cuerpo y la mente.
Sin duda, mi momento preferido es el rato de la relajación o meditación, aunque he de confesar que hay días en los que me resulta un esfuerzo ímprobo porque
justo coincidimos con otras actividades como el spinning, que requieren música con mucho ritmo y fuerza. Tengo que mantener mi concentración elevada si no quiero que mis pies se pongan a bailar.
Supongo que de esto trata el yoga, de mantener la calma en los momentos complejos y difíciles, de no dejar que el ruido exterior perturbe nuestro interior, y conectar mente, cuerpo y espíritu.
Por un instante he visto
la terraza, sin mí.
Mi pequeño sillón, vacío.
Sobre la mesa, una taza de té
y un libro abierto.
Los gatos dormitando;
las tórtolas, ociosas.
Abriéndose la flor,
sola, en el aire perfumado.
Las ramas de la acacia
levemente mecidas
por la brisa de otoño.
Las nubes deslizándose
con calma por el cielo.
Y he sentido la súbita nostalgia
de vivir el instante que ahora vivo.
Susana Benet
NAMASTÉ








A través de tu entrada transmites la paz y tranquilidad que el yoga te está proporcionando los martes y jueves de este mes de julio. Te envidio.
ResponderEliminarUn beso y un abrazo
Seguro que el yoga te ayuda a llevar mejor el verano... veranos que cada vez son más largos. El otro día buscando poemas míos para publicar en el lateral de mi blog encontré varios que hablaban de mucho calor en octubre!!!
ResponderEliminarBesos.
Muy buen día, querida Maite.
ResponderEliminarSe te ve voluntariosa e inmersa en el proceso de relajación. Reconozco que no he practicado nunca el yoga. Entiendo que como cualquier actividad de la persona, si bien ésta especial, está también sujeta a esas pequeñas distracciones que detallas.
Adelante con esa flexibilidad del cuerpo que vas adquiriendo. También realizar yoga en grupo, facilita la comunicación y el relax.
Fuerte abrazo, Maite.
Yo no practico el yoga, pero como dicen en nuestra tierra,tengo "mucha cachaza".
ResponderEliminarBesos.
Que buenas imágenes para meditar. Ahora no lo práctico pero tiempo atrás si practicaba y me iba genial. Un abrazo
ResponderEliminarPráctico Pilates y relajación de yoga hace años y es cierto que manejar la respiración y a atraernos del ruido externo es lo más difícil.
ResponderEliminarAquí y ahora....es el único momento que nos pertenece .
Me ha encantado la reflexión final.
Besitos
tuve una época de ir mucho a yoga, quizá algún día lo retome. es una actividad que echo de menos. y pensándolo bien, en este momento de mi vida lo necesitaría.
ResponderEliminara mí también me costaba mantener la mente en blanco en la relajación final. a mí me gustaba más la vertiente más gimnástica del yoga: saludos al sol, estiramientos, torsiones, posturas de inversión...
abrazos maite!
Maite, me alegro por esos días que eres feliz practicando yoga...La respiración es muy importante, también yo trato de ser consciente de ello...La cita de Susana Benet que nos dejas nos recuerda que, cada instante es fundamental para lograr el equilibrio y la paz interior, vivirlo y sentirlo en profundidad...
ResponderEliminarMi abrazo entrañable y sigue cuídándote en este caluroso verano, que nos prueba a todos.
"Por un instante he visto la terraza, sin mí..." Entre otras cosas, es el propósito del yoga. Dejar la mente volar en libertad. Un abrazo, Maite.
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