viernes, 30 de junio de 2023

Las virtudes del huerto


 El caluroso y bochornoso verano ha llegado de  lleno por estas tierras, el mundo sigue tan revuelto o más que en invierno. Tengo muchas tareas que atender y apenas me queda tiempo para asomarme a esta ventanita. Creedme, lo echo mucho de menos.


Hace poco, he leído que no es imprescindible tener un jardín para sentir la felicidad que procura el contacto con las plantas y la tierra. El disponer de la pequeña oportunidad de atender siquiera a una pequeña planta en un rinconcito de nuestra casa, nos otorga la posibilidad de cuidar de un un trocito de este mundo. 


Lo cierto es que cada vez me enamora más el contacto con la naturaleza, contemplar, observar, y trabajar la tierra... y la mente.  Mente y tierra.


Los extremos rigores del clima también hace mella en el jardín, en el huerto y en mí. 


Me refugiaré en el pequeño jardín del pueblo del extremo calor, y si no, me cobijaré en las refrescantes lecturas de verano.


 "Regar por primera vez una planta que acabamos de mudar a su nuevo domicilio es siempre emocionante... Dejar caer una lluvia fina por la boca perforada de la regadera es como poner en marcha una nueva vida: es invitar a las hojas a que dispongan en el ángulo correcto respecto del sol... Las raíces pueden ya desentumecerse, dejar de girar en redondo como hacían antes, oprimidas por las paredes del tiesto. Son por fin libres de estirarse hacia donde quieran, se crecer alegremente con vistas a una meta"

Las virtudes del huerto. (Cultivar la tierra es cultivar la felicidad)
Pia Pera

Feliz verano

martes, 30 de mayo de 2023

Catastro

 



"Nunca llueve a gusto de todos" reza un dicho muy conocido por estos lares.


Y la lluvia de estos días ha "aguado" muchos acontecimientos que suelen celebrarse en el mes de mayo. 


  Lo más importante, es saber disfrutar cada momento a pesar de las inclemencias del tiempo.


La vida es efímera, como los pétalos de la amapola. Una flor que tiñe de rojo  los campos en primavera. 



Sutil, delicada y silvestre... a veces, con mala prensa. Personalmente, me gusta esta flor por su sencillez, por su fragilidad y por la belleza inusitada de los campos florecidos en mayo.



Donde amapola, di ababol, y, si se puede, cardo. Y al vino, 

vino. Donde collado, altozano o alcor, otero,

escribe llanamente cerro, alto o cuesta, loma. No digas

lo que nunca se dijo, lo que no se dice

en tu pueblo. Más vale mayo frío, la paja
poca y el trigo mucho. No impongas a la tarde
la añoranza si es falsa o aprendida, anota
simplemente el silbido del viento
en los linares. No recuerdes la muerte aunque
te tenga, piensa que de tanta mies se emboza
el peine cada día, que eres este momento. Y al vino,
vino, sólo la miga, el tuétano. Tampoco
hables más de la infancia para embaucar al olvido, precisa
simplemente la orfandad del muérdago
en el hayedo. Más vale mayo frío. Si tempero,
arraigas; si membrillo, aromas; si cierzo, tiritas. Di
berro, ortiga, di bálago, acebal. No niegues la palabra
amor, tampoco entrega, ni prodigio, ni tú. Ahora
bien, antes de escribirlas, hazlas.

Fermín Herrero


¡Seguimos transitando!

Gracias por TODO

sábado, 22 de abril de 2023

"Abril... lluvias mil"

 

Abril es conocido como uno de los meses más lluviosos del año, la sabiduría popular así lo transmite.


Estamos teniendo un exceso de "buen tiempo"; suelo dejarme llevar por la costumbre de calificar "mal tiempo" cuando el frío, el viento, la lluvia, los días grises en invierno o en cualquier estación del año acaecen.


 Y considero "un tiempo espléndido" cuando el día es soleado, templado, cuando el cielo azul es casi transparente, hace calor y disfruto de los  eventos  sin tener que pensar en las condiciones meteorológicas adversas.


Si medito en la falta de lluvia y en todas las consecuencias que ello trae consigo, afirmaré rotundamente que este mes de abril, y desde hace bastantes meses, estamos tiendo un "mal tiempo", un tiempo muy adverso...

 Y hoy, día internacional de la Madre Tierra, la lluvia ha asomado tímida y pausadamente, casi desapercibida, como no queriendo molestar.


 Y yo la sigo invitando a que aparezca con todo  su esplendor primaveral para que alivie la sed de la Madre Tierra... ¡Qué llueva, qué llueva...!




Casa en el árbol

En la copa de un árbol construiré nuestra casa,
con tablones y clavos e ilusión y un martillo
alzaré entre las ramas suelos, techos, paredes,
cuartos en espiral, secretos pasadizos
donde obra el azar el don de los encuentros
y de pronto amanece si me miras al fondo
por donde el viento corre a refugiarse,
madera en la madera, crujen las estaciones,
pasan a visitarnos los amigos,
huele a café, huele al árbol en que nos acogemos,
al rumor de las hojas, a la tierra
donde brota su impulso, su sed de los espacios,
se siente allí el verdor de las promesas,
casa y árbol fundidos, una sola criatura,
se es feliz de algún modo impreciso y vital,
con los años al árbol le van creciendo ramas,
gana cuerpo, se inclina hacia las nubes
y de pronto la casa ha ascendido unos metros
y hasta el aire es más puro, más ancho el horizonte,
las estrellas fugaces proliferan, ahora
vigila la espesura, hay luz en la ventana,
a cubierto de todo, suspendida,
luz de hogar en la noche, resplandor,
y una escala de cuerda entre las ramas,
si subes por la escala no hay retorno,
en la cima del viento hallarás nuestra casa.

Eduardo García (La lluvia en el desierto)