Recogida la cosecha de membrillos, guardado el aroma en el armario y conservado el fruto para ir deleitándonos poco a poco durante todo el año, es tiempo de avanzar en el otoño.
"Y suelta la labor, y se levanta,
y el cristal es un marco
de abedules de plata.
- Qué mirará mi madre.
El sol tiene un aroma de membrillos
y el esplendor se enciende
su fogata de sed en cada hoja.
Y descorre el visillo, y ajusta la
fabella, y se sienta otra vez cara a la tarde.
-Madre, mira, el otoño...
Siete pájaros, nueve y vientiuno,
doscientos, un millar atraviesan
y vuelan la ventana.
- Adónde fusite, madre.
Me mira despertando,
soltando despaciosa las maetas
de sombra de sus ojos.
- Enciende ya la luz. Hasta mañana.
(A Carmen M. Gaite . Desde la ventana)
Juana Castro. Los cuerpos oscuros
Esta mañana he colocado
membrillos
en todos los armarios,
entre la ropa,
entre los collares de piedras
verdosas
y al lado de los camisones
de mujer casada.
Antonio López
He mordido uno,
y he guardado el trocito
entre los dientes.
Cuando llegue
le daré un beso perfumado
y él me llevará a la cama,
emulando los cuentos orientales
que tanto le gustan.
Eloísa Pardo. Pronto será oro el membrillero
Antonio López
"Hay
una lentísima fuga de la luz que va resbalando por las hojas del
membrillero, y al pie del árbol, como un cazador, está Antonio López con
un lienzo en el caballete que parece una trampa tendida para atraparla.
Esa luz es otro río de Heráclito, en la cual nadie podría bañarse nunca
dos veces. Ella fluyendo transforma la sustancia de todos los seres, y
el tiempo no es sino la copa de cristal donde la luz se teje y se
desteje siempre a sí misma. Intentar captarla en el lienzo es el trabajo
imposible de este pintor que en la película convierte su propia
impotencia en una obra de arte. Es una tarde de otoño, y los membrillos
ya están dorados..."
Manuel Vicent, El País, 24 de enero de 1993
Antonio López
















