jueves, 12 de enero de 2017

En cada llamarada llama un hada...





 


En cada llamarada llama un hada
las cosas por su nombre:
león al que lee mucho
tartamudo al goloso de silencio
higuera a un fuego verde
cuyos hijos
son blandos
dulces
nudos
de luz

el hada inmóvil
me llama perverso
me recita:
la pantera era pan
que se comió al hambriento
la rosa risa
de olor
o loor callado

que el hada pálida
abra cada palabra
como la nuez que no es
me dé a sufrir su fruto
a comer comas
y ya sólo sintaxis sin amigos
sin señas sin dinero
me conceda
el poema

José María Parreño

 

lunes, 9 de enero de 2017

Reflexionando

Se apagaron las luces.



Llega el momento de guardar los adornos de Navidad hasta el próximo diciembre.



Mientras guardo todas las cosas con sumo cuidado, pienso que añoraré los días de vacaciones, las imágenes de paisajes nevados, los montones de buenos deseos, las risas de turrón y polvorones, a mis sobrinos... que no los puedo achuchar con mucha frecuencia...






Y no es que quiera que la Navidad dure todo los días del año, no vaya a ser que me ocurra como a la protagonista de un cuento, cuyo nombre y autor no recuerdo...







Pero voy a tener en cuenta este poema de Gloria Fuertes que me hace pensar y reflexionar cada vez que lo leo, y que voy a tratar de poner en práctica todos los días del año:


Gloria al Crío
Nace pobre y es el amo.
¡Gloria al Crío!
Nace pobre y es muy rico.
¡Gloria al Crío!
Es rubio como sus trigos.
¡Gloria al Crío!
Dice que quieras a tu vecino.
¡Gloria al Crío!
Y que ames al enemigo.
¡Gloria al Crío!
-“¡Amaros, amaros!”
Si hiciéramos lo que dijo
el Niño que es de Dios Hijo,
tan solo, en un segundo,
no más guerras en el mundo.
-“¡Amaros, amaros!”.
Se evitará el cataclismo:
“Ama al prójimo como a ti
mismo”
¡Gloria al Crío!

Gloria Fuertes

jueves, 5 de enero de 2017

Lo que los Reyes traían



El gran establecimiento de juguetería ostentaba por muestra una placa donde, de noche, en caracteres luminosos, leíase: Los Reyes Magos.


       
Desde que se acercaba la Navidad, los niños que transitaban por la populosa calle siempre querían detenerse ante el escaparate de Los Reyes Magos. En tal época lo presidían los propios Reyes, campeando en el sitio más visible, y arrancando al público, y no sólo al infantil, exclamaciones de admiración. No era para menos.



Bien modeladas las caras y cabezas, tenían esa expresión de realidad que hace a los muñecos parecer personas. Sus cabelleras y sus barbas eran de pelo natural; sus ojos de vidrio, en lo cual seguían una tradición de la vieja imaginería española. Y tan acabadamente estaban hechos esos ojos, que se les notaba el brillo húmedo y la mirada fascinadora de las pupilas humanas. Positivamente, los Reyes miraban a los niños pegados al escaparate, y, al juego de las luces eléctricas, hasta dijérase que les sonreían.




Estaban los Reyes fastuosa y orientalmente vestidos, de brocados de oro y plata, bordados de imitación de perlas y piedras preciosas, y detrás de los tres figurones, tres dromedarios erguían sus jorobas, sostén de una canasta llena de juguetes llamativos: arlequines, mamarrachillos guiñolescos, pierrots pálidos, muñecas pelirrubias, bebés llorantes y con su biberón al lado, perrillos, cuyas lanas eran auténticas, y enfermeritas con sus tocas…



Fragmento del cuento:  Lo que los Reyes traían (Emilia Pardo Bazán)



¡FELIZ NOCHE DE REYES!



Un bonito cuento de Navidad que recomiendo leer a todos