miércoles, 28 de noviembre de 2018

HOJAS



Desde mi ventana puedo contemplar una hilera de siete árboles. Siempre me fijo en ellos, me anuncian los cambios de estación. Hoy,  me he dado cuenta de que cada uno va a su ritmo.  El árbol más grande y frondoso aún conserva casi todas sus hojas otoñadas; el más pequeño se resiste al cambio porque conserva el verdor en la parte más baja de su copa, mientras por lo alto asoman las nudosas ramas.



Mi árbol preferido, y su compañero, situado justo en frente de mi ventana apenas le quedan unas pocas hojas, sujetas por una tímida levedad. Me mira, cuántas veces nos hemos mirado, y al saludarme con su rama más próxima, deja caer un penúltimo par de hojas amarillas que caen al suelo lentamente, con suavidad, desnudándose para despedirse hasta la próxima primavera.

     

Mi árbol preferido, y su compañero, saben que les voy a arropar con mi mirada, desde mi ventana.
  





Como una hoja de noviembre caprichosa
cuando al caer va revoltosa sepultando
la rúbrica fugaz del último amarillo
hasta perderse entre los restos del otoño:
desprenderse en silencio una mañana,
ir dando tumbos y posar
el cuerpo en algún otro
cuerpo,
entre los brazos firmes del abrazo anónimo,
y juntos ver pasar los pasos de la vida.

Daniel Fernández Rodríguez (Las cosas en su sitio)



viernes, 23 de noviembre de 2018

LA LLAMADA

 

Aquí estoy de nuevo, después de tanto tiempo, sentada en el viejo sillón observo mis manos, arrugadas y envejecidas, tiemblan y no soy capaz de calmarlas. No, no son los nervios, a mi edad la calma ha prendido en mi alma, quizás sea un pequeño conato de emoción al volver a casa, al regresar a este pequeño rincón que abandoné… ni recuerdo ya los años que han pasado.
 
Todo sigue igual, nada ha cambiado, me doy cuenta cuando recorro con mi cansada vista la salita, a mi lado la pequeña mesa redonda de madera adornada con una delicada filigrana de marquetería, sobre ella, sigue erguida la lámpara que compré en aquella tienda de antigüedades y, al lado, el teléfono de baquelita negro, el teléfono. Sujeto con cuidado el auricular y con cuidado lo llevo a mi oído, no oigo nada, sólo un largo silencio.
 
 
 
Aquel día, aquel día el teléfono no dejó de sonar, y yo cegada de ira, de orgullo, no quise coger el auricular que ahora sostengo en mi mano y que miro, resignada, con lágrimas en mis ojos.
Era joven, muy joven y con muchos sueños por realizar, una vida intensa que ofrecer y enamorada de verdad del mejor hombre del mundo, pero con muchas trabas para unir nuestro sentir. Mis impacientes alas por vivir con él nuestro amor apasionado lejos de aquella agonía que me impedía volar hizo que yo ideara un magnífico plan. ¡Cuánta ilusión puse en cada detalle, todo perfectamente calculado! No me esperaba su reacción cuando compartí con él aquella emocionante propuesta! Proposición indecente, era una proposición indecente que él tenía que pensar y meditar. 
 
 
 
 
No, no admití aquella dilación, no acepté esa respuesta: “lo tengo que meditar”. Había soñado en esa escapada al extranjero, por fin, libres de tantas ataduras. Los dos juntos, siempre de la mano.
Y marché, marché sola después de dejar sonar el teléfono un sinfín de llamadas: "si tanto me amaba, no había nada que pensar".
©MaiteLorenzo


De las opciones que Ginebra propuso, he utilizado "PROPUESTA INDECENTE", y como opción el ORGULLO.  Imaginando que la pareja de la protagonista es un hombre casado y con familia... 


Relato perteneciente a la propuesta: "La llamada"
 
Y para leer el resto de  de trabajos podéis hacerlo aquí
 
  GRACIAS, GRACIAS POR TODO

miércoles, 21 de noviembre de 2018

¿Y esa Rosa tuya es de verdad?




Muchos me dicen: ¿Y esa Rosa tuya
es de verdad? Yo les contesto
Rosa y verdad son sólo una.
Rosa es el nombre de lo eterno,
que ella, eterna, si pronunciara
no sería rosa.
Ni yo este corazón que vive de eso.



No será este latido
eso que llamas Rosa? Anoche
al asomarme al patio
me arrebató un olor.
Pensé: Mi Rosa. Mas no era.





Rosa, dulce, la temprana, salta.
Figúrate que el agua te recoge.
Cierra los ojos. ¿Cuántas son? Las formas
de la dicha nacieron en los montes
y bajaron al llano con los ríos,
hacia la mar segura con las aguas. 


Poemas de José Antonio Muñoz Rojas (Cantos a Rosa)


Querida amiga Rosa, te deseo un feliz un feliz y maravillo día.