Una de las cosas que me evoca el otoño es el aroma del membrillo. Recuerdo el perfume al abrir las puertas del armario, toallas y sábanas impregnadas por este olor tan peculiar y otoñal.
He leído que el membrillo es un fruto que no triunfa por su
sabor, ya que tiene un sabor ácido y áspero y debe ser cocinado, sino por su aroma. En las bodas de la antigua Grecia, las novias mordían
un membrillo para que sus besos tuvieran ese perfume; en la vieja Roma, se
colocaban membrillos sobre las cabezas de los dioses domésticos para aromatizar
las habitaciones, tal y como recuerdo cuando era más joven, guardándolos en los armarios.
Hoy, he hecho mermelada de membrillo, le he añadido un toque de canela, así que el aroma de mi cocina es espectacular.
Por supuesto no podía faltar el delicioso dulce de membrillo. A ver que tal se conserva porque he intentado ajustar al máximo el azucar. El sabor es buenísimo.
Tomaremos de postre compota de membrillo, también lleva canela. Me han sobrado unos cuantos, los pondré en el armario. Y tengo que probar a preparar otros platos.
En ensalada
Mousse de queso con dulce de membrillo.
Cunde el olor del membrillo,
salí al porche a su reclamo.
Estaba sentado,con los ojos cerrados,
con toda la luz reflejada
en sus dudas.
Dejé el paño de cocina
en la barandilla
y comencé a contarle una historia.
Siempre le ha gustado.
Le hablé de un rincón
de Babilonia.
De leyendas.
De él y de mí.
Le conté, por si no recordaba,
nuestra noche de bodas,
le hablé de muchas noches,
del mordisco leve al membrillo
antes de acostarme,
del perfume del beso,
le hablé de la luz.
Pero dormía.
Eloísa Pardo (Pronto será oro el membrillero)















