También la lluvia cede al desaliento,
se demora en sí misma, se derrumba
en bautismo, moja tus labios, huele
a patio de colegio o la ternura
de sábanas recién planchadas
que palpitan.
Feliz el que regresa a su casa despacio,
distraído, a lo suyo, ni triste ni contento,
cuando una lluvia amiga le despierta de pronto
voces perdidas, gestos que el olvido
avariento atesora.
Y le moja los labios,
le limpia de tinieblas la mirada,
una ola muy honda le sube por las venas,
le deposita en brazos de una nube
y queda en paz con todos
y dice sí a la vida.
Eduardo García (La lluvia en el desierto. Poesía completa)
Espero que pueda llenarse como en la última foto.
Ya sé que estamos cansados de la lluvia, del agua; pero los embalses que conozco aún están por debajo de la mitad de su capacidad a pesar de todo lo que ha nevado y ha llovido. Os dejo unas imágenes del embalse La Aceña, en Peguerinos (Ávila)











