El mes de noviembre, uno de mis meses preferidos, llega a su fin, echa el telón invadido desde hace mucho por las prisas de los descuentos, por la premura de los dulces y adornos navideños, parece que la navidad tiene urgencia por llegar.
Y yo empeñada en vivir este tiempo con pasmosa lentitud, cual hoja otoñal que se cae de la rama de un árbol mecida lentamente por una suave brisa.
Aunque vivo en una gran ciudad, saturado de de ruidos, de obras por todas las calles, de gente que va y viene con más o menos celeridad, me encanta pararme a observar algún atardecer, no sé qué ocurre en ese maravilloso instante en el que me quedo contemplando el cielo, sólo sé que en ese espectacular momento sólo existimos el horizonte y yo.
Voy a echar de menos estos días de noviembre, me gusta la honestidad que desprende: el atardecer que viene temprano, los árboles que sueltan las hojas para descansar, y el viento que se lleva las cosas innecesarias para el invierno; noviembre para mí, es una invitación a la quietud y a la serenidad.
Y aquí sigo, en casa, afuera ya empieza a notarse el frío, y tengo que comenzar a buscar entre mis retales, cintas, botones e hilos... lo necesario para comenzar a elaborar los posibles detalles navideños hechos por mí.
Te deseo una feliz entrada en el mes de diciembre, intentaré entrar con un suave espíritu, llevando conmigo lo verdaderamente sentido y dejando que las cosas que menos me gustan desaparezcan como el viento se lleva las últimas hojas de los árboles.
Al final sólo quedan las ramas casi desnudas
de aquel árbol frodoso de sueños y palabras
junto al que sucedió mi vida entera.
Creció despacio y se ensanchó su sombra.
Lo habitaban los pájaros.
Era hermoso en el alba y en los atardeceres
oir como sonaba
la verde y elevada intimidad
del orbe bullicioso.
Es casi invierno,
y poco a poco caen las hojas que aún perduran.
El ciclo se ha cumplido.
¿Es tan corta la vida?
Desde el consuelo inmenso que junto al árbol tuve,
así lo pensé a veces
al meditar mi propio desamparo.
Pero hoy alzo la vista y miro lejos.
En el rodar del tiempo y de las estaciones
volverán esas ramas a poblarse
de hojas nuevas y pájaros recientes.
Y aunque no alcance a verlas ni a escucharlos,
comprendo y miro sin melancolía:
Estuvo todo bien. Y no fue escaso.
Eloy Sanchez Rosillo ( Venir desde tan lejos)







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