Heredero
de las caligrafías medievales,
el poema tiene que iluminar lo que la época
confunde u oscurece,
lo que es noche cerrada, superstición o miedo.
Sin embargo, el poeta
no es más que un alquimista
que hace de su dolor un linimento
para las torceduras del espíritu;
el chamán que suscita,
allí donde los hombres construimos
una pared o un muro,
la idea de una ventana, la ilusión de una puerta.
Basilio Sánchez (Cristalizaciones)
















